Pereira eligió una mesa aislada, se colocó la servilleta en el cuello de la camisa, como hacía siempre, y pidió vino blanco. Me apetece tomarme un aperitivo, explicó Monteiro Rossi, normalmente no tomo alcohol, pero ahora necesito un aperitivo. Monteiro Rossi pidió una cerveza de barril y Pereira le preguntó si no le gustaba el vino blanco. Prefiero la cerveza, respondió Monteiro Rossi, está más fresca y es más ligera, y además no entiendo de vinos. Pues es una pena, susurró Pereira, si quiere usted convertirse en un buen crítico debe refinar sus gustos, debe cultivarse, debe aprender a conocer los vinos, la gastronomía, el mundo. Y después añadió: Y la literatura. (A. Tabucchi, Sostiene Pereira, 1994)
Antonio Tabucchi (Pisa, 1943 - Lisboa, 2012) fue un escritor italoportugués (o lusoitaliano), traductor y estudioso de Fernando Pessoa, enamorado de Portugal, durante años alternó su residencia entre su Toscana natal y Lisboa. En 2004 obtuvo la ciudadanía portuguesa. Está enterrado en el cementerio lisboeta de dos Prazeres.
Su obra, fundamental en la literatura europea de la segunda mitad del siglo XX, la escribió casi toda ella en italiano, salvo la que hoy viene a Gastrofábulas: Requiem, uma alucinação, (Réquiem, una alucinación) de la que afirmaba que fue inspirada por un sueño donde su padre le hablaba en portugués y, por tanto, "solo podía haberla escrito en ese idioma", hasta el punto de que ni siquiera él mismo se encargó de la traducción para la versión en italiano.
Si bien en todas sus novelas Tabucchi no escatima las citas gastronómicas (en Sostiene Pereira, su novela más conocida, el protagonista está obsesionado con las tortillas de finas hierbas), es en Réquiem donde más claramente expone su interés por la buena cocina, con especial atención a las recetas tradicionales y regionales, los vinos y la comida popular.
Una expresión de buena gastronomía, portuguesa en este caso, donde, por satisfacer al lector no solo con nombres y descripciones dejadas a la imaginación, incluye algunas recetas bien fundadas y suficientemente detalladas.
Como vamos a comprobar:
Notas:
El sarrabulho o papas de sarrabulho es un plato de indisimulado origen matancero. Aunque hay varias versiones a todo lo largo de Portugal, es en el norte, especialmente las regiones de Douro y Minho, donde mayor aprecio tiene. El ingrediente fundamental del sarrabulho es la sangre de cerdo que cuaja en una salsa oscura y densa, junto a casquería diversa, hígado principalmente, y, según versiones, algún aditamento de vacuno o gallina. De alguna forma está emparentado con la cachuela extremeña, sin embargo, la receta evoca mucho más a la chanfaina leonesa, salvo por el hecho de que esta se realiza con las mismas piezas cárnicas pero del cordero y no del cerdo.
El restaurante donde se desarrolla la escena está en el norte de Lisboa, cerca del cementerio dos Praceres, pero Casimira, la cocinera, es de la región de Douro.
Reguengos de Monsaraz es un municipio en el Alentejo Central. Los vinos de Alentejo-Reguengos poseen denominación de origen y cuenta con excelentes caldos, especialmente los tintos. Este año 2015 la localidad ostenta la Capitalidad Europea del Vino, sucediendo a Jerez de la Frontera.
Los papos de anjo (literalmente: papadas de angel), son dulces de yema típicos de Portugal (aunque también se encuentran en Brasil). Suelen aromatizarse con vainilla, canela o corteza de cítricos pero, ciertamente, la variedad especialidad de la localidad de Mirandela, al noreste de Portugal, añade mermelada de frutas, normalmente de melocotón. Hay que reseñar que en Portugal se distingue muy bien el doce de fruta (mermelada) de la geleia (jalea, una mermelada sin pulpa y gelatinosa), la marmelada (conserva, dulce de membrillo) y la compota (elaborada con trozos grandes o intactos de fruta).
La región portuguesa del Alentejo ostenta una de las mayores riquezas en diversidad (y calidad) de la gastronomía portuguesa. Situada a la altura especular de Extremadura y norte de Huelva, avenada por el curso del Guadiana, tiene además una amplia zona costera por la que recibe los aires húmedos del Atlántico, por lo que su clima es más dulce que el extremeño pero mucho más soleado que el norte del país. El porco à alentejana (cerdo), las migas alentejanas, las judías verdes (feijão verde) o el gaspacho, junto con los vinos de Reguengos, son algunas de las joyas gastronómicas de esta región privilegiada que, ironías de la vida, va siendo despoblada progresivamente de sus naturales que huyen de las limitaciones de las zonas rurales mientras que cientos de europeos vienen a retirarse allí buscando el clima agradable, la vida pausada y la excelente comida.
El cordero alentejano goza de Indicación Geográfica Protegida, es un animal de raza merina casi idéntica a la extremeña, alimentado en pastos y el añadido nada despreciable de alguna bellota. La receta citada (enlace al final del artículo), con ajos, laurel y vino, no tiene demasiado secreto ni dista mucho del frite extremeño, pero añade la peculiaridad de servirse sobre costrones de pan, por lo que también se denomina ensopado de borreguinho.
El pavo relleno a la alentejana es plato típico navideño, si bien puede encontrarse todo el año. De receta compleja (enlace al final del artículo), aromatizado con cítricos, el relleno es sin duda el mayor atractivo, ya que incluye carnes de bovino y porcino, embutidos, aceitunas y lo que la imaginación del cocinero decida.
La poejada es una especie de sopa donde el ingrediente principal es la menta-poleo (poejo en portugués), la misma planta que en España se usa en infusión. El caldo se desata empapando pan y, habitualmente, huevos cuajados en el mismo.
El Vinho Verde, por antonomasia, es el vino blanco procedente de la región norteña de Minho, en la frontera con Galicia. elaborado con uva albariño (entre otras) -la misma que en la parte española da nombre a la variedad gallega- tiene DOC desde 1908 (redefinida en 1929 y en 1984). Actualmente, la región delimitada, dividida en seis subregiones, alcanza a buena parte de la costa noratlántica solapándose con la de Oporto y designa tanto a blancos como tintos y rosados elaborados con el mismo procedimiento. Básicamente este consiste en una vendimia temprana -sin que la uva haya alcanzado su total maduración- manteniendo la uva una buena cantidad de ácido málico que, por fermentación malico-láctica, produce ácido láctico. El resultado es un vino fresco y ligeramente agrio con una ligera aguja gaseosa (de ahí el comentario del personaje).
Azenhas do Mar es un pintoresco pueblecito costero enclavado en lo alto de un rocoso acantilado, cerca de Sintra, al norte de Lisboa, y dentro de la región vitivinícola de Colares cuyos vinos ostentaron durante muchos años merecida fama, tanto los blancos como los tintos. La características más singulares del viñedo es el suelo arenoso (lo que le hizo resistente a la filoxera) y la práctica de rodear las cepas con cañizos para protegerlas del húmedo y salino viento atlántico.
El menú ofrecido por Mariazinha está construido con una nutrida sarta de referencias literarias:
- "Amor de perdición" (Amor de perdiçao) es una famosa novela del romanticismo portugués, escrita en 1862 por Camilo Castelo Branco.
- Fernão Mendes Pinto fue un aventurero y religioso portugués que viajó como misionero por todo oriente (India, Malasia, Japón...) durante el siglo XVI y narró sus experiencias -en forma algo exagerada- en un poema épico titulado Peregrinação (Peregrinación).
- La "Historia Trágico-Marítima" es una obra del siglo XVIII donde Bernardo Gomes de Brito reúne diversas composiciones y relatos sobre los naufragios de navíos portugueses durante los siglos de las campañas comerciales y coloniales de Portugal, especialmente en oriente, durante los siglos XVI y XVII.
- El Intereseccionismo es un movimiento literario y artístico que arranca con la obra de Fernando Pessoa "Lluvia oblícua, poemas interseccionistas" en 1914.
- Gafeira es una aldea imaginaria, junto a una laguna, donde se desarrolla la novela "El delfín", del escritor portugués José Cardoso Pires (1968).
- Las "Cantigas de escárnio y mal-dizer" (escarnio y maledicencia) son cancioneros medievales de corte satírico, propios de la trovadoresca galaicoportuguesa.
La moira es una ligera salmuera de sal y vinagre, similar a la empleada en la costa andaluza para los boquerones en vinagre. La receta ofrecida de "anguilas de Gafeira al Delfín" es, realmente, la tradicional de la caldereta de anguilas (caldeirada de enguías) de Murtosa. Esta población portuguesa está situada en la ribera de la Ria de Aveiro, una curiosa formación de lagunas semiabierta al Atlántico, famosa por las variedades de pescado que la habitan, en especial sus anguilas.
N. del A.: Fuente del texto: Requiem, uma alucinaçao, versión publicada en portugués por Livros Quetzal, S.A. (1999), ISBN 972-564-393-3. Traducción del portugués realizada por el autor del blog.
En el verano de 1965, el poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973) y el novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974) compartieron el privilegio de viajar a la capital de Hungría en compañía de un premio nobel de literatura, aunque en aquel momento ninguno de los dos lo sabía: Asturias lo sería dos años más tarde y Neruda debió esperar hasta 1971.
De resultas de aquel viaje, ambos autores hispanos escribieron un libro al alimón: "Comiendo en Hungría", publicado por primera vez en 1969. Pero en la obra de estos dos grandes literatos no es insólita la referencia gastronómica, una expresión cultural por la que los dos sentían el debido reconocimiento.
—Te entrego mi estómago, un poco estropeado por las salsas al por mayor—le dije al darle posesión de su cargo—, y espero que me lo trates bien. El estómago es el alma del escritor. Con un poco de acidez o de flatulencia, yo haría una literatura triste y perdería lectores. Al nombrarte mi cocinera, te nombro, en realidad, mi colaboradora. Hazme guisos sencillos, sabrosos y sanos, y de este modo tendremos siempre el respeto de la crítica y la aceptación del público. (Julio Camba, La rana viajera, 1920)
Julio Camba nació en Vilanova de Arousa, Pontevedra, en 1882. Aunque publicó alguna novela, el grueso de su obra son sus artículos periodísticos, la mayoría hoy recopilados en volúmenes agrupados por categoría. Desplazado como corresponsal a diversos puntos del planeta (Reino Unido, Francia, Alemania, EE.UU., etc.), desarrolló una visión del mundo cosmopolita y gallega al mismo tiempo, lo cual, unido a una elegantísima ironía e impecable lenguaje, dota a sus artículos de fácil, interesante y agradable lectura.
«Mi cocinero y yo hacemos ahora a la perfección hojaldre de distintas formas, natillas, merengue, crêpes, tarta de varias capas, diversos suflés, cuernos de crema, pastel de manzana, pudín de chocolate, buñuelos; además se le dan muy bien toda clase de sopas, hace buen pan y bollos y asa muy bien en nuestro horno, que es malo y pequeño. Para mí es mucho mejor tener un poco de comida atrayente y, sobre todo, un poco variada. [...] Estoy segura de que no me vas a creer si te digo que mi casa es conocida por lo bien que se come en ella». (Isak Dinesen, Cartas de África)
Karen Blixen nació en Rungsted, Dinamarca, en 1885.Uno de los principales nombres de la literatura danesa del siglo XX (estuvo propuesta al premio Nobel), a lo largo de su vida publicó casi una docena de títulos, casi todos tras el seudónimo de Isak Dinesen, por el que es mucho más conocida; y especialmente por la obra autobiográfica “Memorias de África”, más célebre a su vez por la versión cinematográfica, dirigida por Sidney Pollack, con un melodioso tema musical compuesto por John Barry y con Meryl Streep encarnando a la autora (y, por supuesto, Robert Redford como el cazador Denys Finch-Hatton en uno de sus más glamurosos papeles).
«Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que
se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de
sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negros. […] Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas,
mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina
gotita de miel...» (J.R. Jiménez, Platero y yo, 1914)
Juan Ramón Jiménez, nacido en Moguer, provincia de Huelva,
en 1881, premio nobel de literatura en 1956, es uno de los poetas en español más
conocidos. Aunque su obra más difundida, “Platero y yo”, está escrita en prosa, pero
dotada de una lírica que consigue fusionar ambos estilos.
Se cumple este año el centenario de la primera edición de Platero y yo. Edición dirigida al público infantil que, sin embargo, no gustó mucho al autor; y tres años más
tarde por fin vio la luz en versión completa, corregida y extensamente aumentada.
Esto no ha sido óbice para que el Ayuntamiento de Moguer, su
patria chica y escenario único de las
andanzas de burro y poeta, haya decretado el presente como “Año de Platero”,
incluyendo entre los fastos la publicación de un recetario, obra de los
cocineros de "Tu otra cocina", Diego Blanco y Jorge Estepa (este último natural de Moguer) titulado “La cocina
de Platero”, que los visitantes a la oficina de turismo de Moguer pueden
adquirir por un simple donativo solidario.
Fronesis se sonrió. Sintió el agrado de la alusión. –Nuestra comida forma parte de nuestra imagen –le contestó–. No sé si lo que voy a decir es un exceso de generalización, pero discúlpenos como una majadería de desterrado. La mayoría de los pueblos al comer, sobre todo los europeos, parece que fuerzan o exageran una división entre el hombre y la naturaleza, pero el cubano parece que al comer incorpora la naturaleza. Parece que incorpora las frutas y las viandas, los peces y los mariscos, dentro del bosque. (José Lezama Lima, "Oppiano Licario", 1977).
José Lezama Lima nace en La Habana en 1910. Poco conocido en Europa (lamentablemente, también en España) es, sin embargo, un escritor de referencia de la literatura hispanoamericana y, desde luego, uno de los mayores representantes de la literatura cubana del siglo XX, junto con Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante, quien hablaba de él en estos términos: «Puedo confesar que leí exactamente diez páginas de Paradiso; la encontré absolutamente impenetrable. Sin embargo, soy un gran lector de la poesía de Lezama; aparece muchas veces citada en "La Habana para un infante difunto", mi novela; de hecho, aparecen versos enteros».
«La cocina es el arte de valorar los contrastes, de integrarlos, de fundirlos. Es un arte orfeónico, por decirlo en griego. Las integraciones sinfónicas culinarias no pueden conseguirse con elementos absolutamente aberrantes, sino con elementos diferentes pero capacitados para generar, con su fusión y composición, un elemento nuevo y de cualidades superiores al originario». (Josep Pla. Lo que hemos comido, 1972)
Josep Pla i Casadevall (1897-1981), nació en Palafrugell, corazón del Bajo Ampurdán gerundense. Periodista y ensayista, dependiendo esto más del soporte que del contenido, es considerado uno de los mejores defensores/conocedores de la gastronomía tradicional catalana del siglo que vivió casi de cabo a rabo (además, por supuesto, de uno de los mejores autores en lengua catalana de toda época).
El señor Leopoldo Bloom comía con deleite los órganos internos de bestias y aves. Le gustaba la sopa espesa de menudillos, las mollejas, de sabor a nuez, el corazón relleno asado, las tajadas de hígado rebozadas con migas de corteza, las huevas de bacalao fritas. En especial, le gustaban los riñones de cordero a la parrilla, que daban a su paladar un sutil sabor de orina levemente aromatizada. (James Joyce, Ulises).
Nunca he corrido una maratón.
Sin embargo, abrigo la ilusión de que leer “Ulises”, la obra cumbre de James Joyce, es lo más parecido a correr esa prueba… sin moverse del sillón. Al principio tienes miedo, dudas, no estás seguro de si llevas el ritmo correcto que te permitirá finalizar con éxito; pero pasados los cinco o seis primeros capítulos dejas de sentir las piernas como un peso muerto, avanzas ligero y te crees capaz de recorrer dos veces la distancia prevista. Después llega un momento en el que gustosamente lo dejarías si no fuera porque has llegado tan lejos que sería un disparate cobarde abandonar ahora. Solo tras cruzar la meta te das cuenta de cuan exhausto estás, de que todo te duele, pero la satisfacción de haberlo logrado supera a todas las demás sensaciones. Entonces rememoras cada uno de los pasos y te sientes dueño del camino recorrido.
Luego se lo cuentas a todo el mundo y durante unos días eres insoportable.
Barber estaba de mejor humor. Un hombre gordo debe alimentarse para estar pletórico, observó Rob. También reconoció que Barber era un cocinero singular, y se encontró esperando cada comida como un acontecimiento más del día. Suspiró, asumiendo que nunca habría comido así en las minas.
(Noah Gordon, El médico, 1986)
Tom Payne (Rob Cole) y Stellan Skarsgård (Barber) durante el rodaje de El médico de Philipp Stölzl
La llegada a la pantalla cinematográfica de El médico, con mucho la mejor novela de Noah Gordon, me sirve de excusa para traer aquí algunas referencias gastronómicas incluidas en el best-seller.
Gordon no es un autor especialmente interesado en la gastronomía, ni siquiera en su última novela, La bodega (Roca Ed., 2007), pese a que el hilo central de la narración, la historia de un viticultor catalán de finales del XIX, invitaba a ser más pródigo en las descripciones culinarias. A pesar de ello, el autor aprovecha algunos espacios para nombrar sucintamente las colaciones con que se alimentan sus personajes.