De la recopilación que Lucas Rodríguez hizo en "Romancero historiado" en 1579, veíamos en
la primera parte la carta humorística que un labrador dedicaba a su amada y, como prometí, vamos hoy con la segunda parte de esta obra anónima, en la que la moza responde sin remilgos a los requiebros de su enamorado, comparando también los masculinos encantos del pretendiente al buen yantar y beber de la tierra.
Sin embargo, los detalles gastronómicos analizados revelan una notable diferencia al sentarse a la buena mesa entre ambos poemas: si aquel citaba las exquisiteces dando su referencia geográfica explícita, este apenas cita orígenes concretos; donde el primero casi únicamente nombra materias primas, ahora hay ingredientes, recetas y platos (y, curiosamente, todos con presencia en los recetarios de Nola, Montiño o Granado que alcanzaron gran difusión); y mientras el supuesto labrador casi exclusivamente se limita a bienes de Castilla, su requerida muestra buen conocimiento de gollerías periféricas, pescados frescos y especies marinas que no solían aparecer por la meseta. Por lo demás, en lo literario, el verso de la primera parte es bastante más lírico y bien formado que en esta segunda.