Y diciendo esto, de un pañuelo que cogido por las cuatro puntas traía, sacó sucesivamente varios pedazos de turrón y algunos puñados de cascajo, castañas, nueces, avellanas y bellotas. Al poner sobre la cómoda la última porción de tan variados bastimentos, lanzó de su pecho un suspiro enorme.
¿Todo eso has traído? -preguntó Mariano-. ¿Y el pavo? Yo quiero pavo.
- Cenarás lo que te den -replicó ella pasando de la pena al enfado-. Es una mala educación pedir lo que no hay.
- El año pasado -dijo Mariano con rudeza y desdén- mi tía la Sanguijuelera tenía besugo, y pimientos encarnados, y turrón de frutas, y lombarda, y una granada de este tamaño. Yo me la comí toda. ¡Estaba más rica...!». (Pérez Galdós, La Desheredada).
Don Benito Pérez Galdós, canario afincado en Madrid, es sin ningún género de dudas uno de los mejores novelistas españoles -si no el mejor, que no voy a entrar en eso-. Cronista minucioso y quirúrgico de su país y sus paisanos, nos dejó en su obra un retrato muy verosímil de las muchas miserias y escasas grandezas de la época que le toco vivir, así como, por supuesto, de hechos históricos (Episodios Nacionales) siempre observados a través del filtro entre fatalista y bizarro de la idiosincrasia patria.